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DIMECRES DE CENDRE PDF Imprimeix Correu electrònic
Escrit per J.A. Pagola   
dimecres, 14 de febrer de 2018 18:25

MIERCOLES DE CENIZA


La Cuaresma es a menudo sinónimo de penitencia y privaciones, cuando de lo que se trata es de conversión y de vuelta a las fuentes evangélicas. Durante este periodo que precede a la Pascua los cristianos y la Iglesia están particularmente llamados a liberarse de las ataduras del pecado y de todo lo que conduce a él, a apartar los obstáculos que estorban el camino hacia Dios y el encuentro fraterno con los otros. Esto no se consigue sin renuncias. Pero estas renuncias son medios para liberar el cuerpo, el corazón y el espíritu de todo lo que dificulta la marcha, no objetivos que tengan un valor intrínseco. Aunque cuesten, no tienen nada de frustrante; todo lo contrario. Inspiradas por la fe en la misericordia y el amor de Dios, no producen absolutamente ninguna forma de tristeza debilitadora. La palabra de Dios traza los caminos de la verdad y de la vida. La oración mantiene su orientación sobrenatural y su apertura a la gracia. La caridad, por último, los guarda de todo tipo de repliegue sobre sí mismo y de formalismo.
La Cuaresma nos invita a tomar en serio las llamadas y advertencias de Dios, las enseñanzas y el ejemplo de Cristo, la fe y la esperanza en el Reino futuro. Todo ha de valorarse con criterios seguros: el mundo y cuanto contiene, los bienes de este mundo y la vida misma. Sin duda hay opciones más costosas, pero han de hacerse con conocimiento de causa, es decir, con plena libertad y con la alegría del Espfritu Santo. Aunque tamizada, la luz de la Pascua nunca desaparece del todo: se filtra a lo largo de toda la Cuaresma.
Cristo nos precede y acompaña. Él ha vencido a Satanás superando sus tentaciones (primer domingo de los tres ciclos) y muestra su gloria para animar a sus discípulos en el arduo camino de la fe (segundo domingo de los tres ciclos). El es la fuente de agua viva, la luz que devuelve la vista a los ciegos y la vida a los muertos (ciclo A). Mesías crucificado, fuerza y sabiduría de Dios, ofrece la salvación a los que acuden a él, y, desde la cruz, atrae a todos los hombres hacia él (ciclo B). Revela la paciencia y la infinita misericordia del Padre, que, con los brazos abiertos, acoge a sus hijos pródigos, e invita a la fiesta del regreso a los hijos que se han quedado en casa (ciclo C).
La Cuaresma tiende también a presentarse como un largo retiro espiritual. Mayor fidelidad y fervor en el cumplimiento de los compromisos religiosos, participación en especiales «prácticas espirituales», moderación en la bebida, la comida y las diversiones, actos de caridad y gestos de solidaridad hacia los más pobres, son, en esta perspectiva, otros tantos temas de la predicación cuaresmal tradicional. Pero todo eso no hace de la Cuaresma un paréntesis piadoso en la vida ordinaria de los cristianos y de la Iglesia. Su finalidad es mover a la experiencia de lo que la existencia cristiana personal y eclesial debería ser siempre. De hecho, durante los cuarenta días de la Cuaresma no se propone realmente nada extraordinario con respecto a las exigencias fundamentales del Evangelio. Más bien se nos recuerdan con insistencia para que, personal y comunitariamente, nos esforcemos por integrarlas o reintegrarlas mejor en la vida cotidiana, al precio, si es necesario, de cuestionamientos y reajustes. Porque la predicación del Señor, de los apóstoles y de la Iglesia urge a los fieles y a las comunidades a progresar sin cesar durante todo el año; no hay vida cristiana sin conversión continua. La primera lectura de cada domingo de Cuaresma evoca alguna de las grandes etapas de la historia de la salvación. Para comprender la novedad del Evangelio hay que tener presente lo que lo ha preparado misteriosamente. Esta rememoración dirige la mirada, no hacia el pasado, sino hacia el presente y el futuro, hacia el cumplimiento del designio de Dios hoy y la esperada vuelta del Señor.
Finalmente, la Cuaresma nos hace recorrer cada año, junto con los catecúmenos, las diversas etapas de la iniciación cristiana. «Convertíos en lo que sois! », repite sin cesar y de múltiples maneras la liturgia cuaresmal.
«Pues si bien los hombres renacen a la vida nueva principalmente por el bautismo, como a todos nos es necesario renovarnos cada día de las manchas de nuestra condición pecadora, y no hay nadie que no tenga que ser cada vez mejor en la escala de la perfección, debemos esforzarnos para que nadie se encuentre bajo el efecto de los viejos vicios el día de la redención. Por ello, en estos días, hay que poner especial solicitud y devoción en cumplir aquellas cosas que los cristianos deben realizar en todo tiempo».
(SAN LEÓN MAGNO, Sermón 6 sobre la cuaresma 1-2: PL 54, 285-287)

 
DËU NO DISCRIMINA PDF Imprimeix Correu electrònic
Escrit per J.A. Pagola   
dissabte, 10 de febrer de 2018 14:32

DOMINGO 6º DEL T. ORDINARIO /B

AMIGO DE LOS EXCLUIDOS
FRENTE AL CINISMO
EXPERIENCIA SANA DE LA CULPA

Jesús era muy sensible al sufrimiento de quienes encontraba en su camino, marginados por la sociedad, olvidados por la religión o rechazados por los sectores que se consideraban superiores moral o religiosamente.

Es algo que le sale de dentro. Sabe que Dios no discrimina a nadie. No rechaza ni excomulga. No es solo de los buenos. A todos acoge y bendice. Jesús tenía la costumbre de levantarse de madrugada para orar. En cierta ocasión desvela cómo contempla el amanecer: "Dios hace salir su sol sobre buenos y malos". Así es él.

Por eso a veces, reclama con fuerza que cesen todas las condenas: "No juzguéis y no seréis juzgados". Otras, narra una pequeña parábola para pedir que nadie se dedique a "separar el trigo y la cizaña" como si fuera el juez supremo de todos.

Pero lo más admirable es su actuación. El rasgo más original y provocativo de Jesús fue su costumbre de comer con pecadores, prostitutas y gentes indeseables. El hecho es insólito. Nunca se había visto en Israel a alguien con fama de "hombre de Dios" comiendo y bebiendo animadamente con pecadores.

Los dirigentes religiosos más respetables no lo pudieron soportar. Su reacción fue agresiva: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de pecadores". Jesús no se defendió. Era cierto, pues en lo más íntimo de su ser sentía un respeto grande y una amistad conmovedora hacia los rechazados por la sociedad o la religión.

Marcos recoge en su relato la curación de un leproso para destacar esa predilección de Jesús por los excluidos. Jesús está atravesando una región solitaria. De pronto se le acerca un leproso. No viene acompañado por nadie. Vive en la soledad. Lleva en su piel la marca de su exclusión. Las leyes lo condenan a vivir apartado de todos. Es un ser impuro.

De rodillas, el leproso hace a Jesús una súplica humilde. Se siente sucio. No le habla de enfermedad. Solo quiere verse limpio de todo estigma: «Si quieres, puedes limpiarme». Jesús se conmueve al ver a sus pies aquel ser humano desfigurado por la enfermedad y el abandono de todos. Aquel hombre representa la soledad y la desesperación de tantos estigmatizados. Jesús «extiende su mano» buscando el contacto con su piel, «lo toca» y le dice: «Quiero. Queda limpio».

Siempre que discriminamos desde nuestra supuesta superioridad moral a diferentes grupos humanos (vagabundos, prostitutas, toxicómanos, psicóticos, inmigrantes, homosexuales...) o los excluimos de la convivencia negándoles nuestra acogida, nos estamos alejando gravemente de Jesús.

FRENTE AL CINISMO


Por mucho que nos tapemos los ojos y nos cerremos los oídos, los datos están ahí con toda su brutalidad. Millones de seres humanos mueren cada año de hambre y desnutrición.

No hace falta que nadie utilice bombas químicas. No son necesarias armas de destrucción masiva. Nosotros, los pueblos más civilizados del Planeta, nos bastamos para ir destruyendo masivamente seres humanos, desarrollando sin límite alguno nuestro bienestar a costa de exprimir o ignorar a los pueblos más indefensos.

Ésta es hoy nuestra mayor vergüenza. Tenemos recursos para eliminar el hambre, pero seguimos ciegos nuestra carretera egoísta hacia un bienestar siempre mayor, mientras millones de niños vienen al mundo sólo a sufrir y morir de desnutrición en pocos años.

Los expertos nos han alertado hace tiempo. Estamos llevando demasiado lejos la desigualdad y el desequilibrio. Los excluidos de la vida no soportan ya tanta burla cruel. Y en Occidente empezamos a sentir cada vez más el acoso, la rebelión desesperada y hasta la reacción violenta de quienes no se resignan a vivir sin esperanza alguna.

Los teólogos están hablando de la necesidad de introducir en el Planeta una «ética de la compasión universal». Las mentes más lúcidas llaman a funcionar con otro concepto de «desarrollo sostenible» para todos los pueblos. Manos Unidas nos invita a la Campaña contra el Hambre con un lema que lo dice todo: «COMPARTE LO QUE IMPORTA».

Pero los poderosos de la Tierra siguen ciegos y sordos. No saben impulsar políticas de acercamiento, cooperación y solidaridad. Sólo se les ocurren medidas de fuerza: endurecer las fronteras, frenar la inmigración, controlar el petróleo, defender el propio bienestar...

Frente a esta actitud cínica y temeraria, hemos de crear otra conciencia en los pueblos ricos de Europa. El próximo domingo podemos hacer un gesto humilde pero significativo. Nuestra aportación a la Campaña contra el Hambre servirá para promocionar entre los pobres el desarrollo, no la guerra.

CARNAVAL TODO EL AÑO 

Queda limpio. 

Sería un error ver en los Carnavales únicamente desenfreno, inmoralidad y libertinaje. Los estudiosos de las costumbres populares saben analizar también los aspectos positivos que encierran. 

Pocas veces puede el pueblo erigirse, como en estos días, en protagonista de su propia fiesta, sin limitarse a ser mero espectador de un festejo. 

Pocas fiestas ofrecen a las gentes una posibilidad tan rica de desarrollar su creatividad y fantasía, e incluso su sentido crítico. 

Por otra parte, son muchos los que viven el Carnaval con sano regocijo, sin caer en la frivolidad grotesca o la degeneración. 

Más preocupante que los excesos que se puedan cometer estos días es observar que los aspectos más ambiguos y negativos del Carnaval se extienden a la vida de todos los días, fuera ya del clima festivo de estas fechas. 

El disfraz y la máscara no son un juego en la sociedad contemporánea sino todo un estilo de vivir. Hay que ofrecer “buena imagen”, representar bien «el personaje”, aunque uno termine por desconoce su propia identidad. 

Tampoco se produce sólo en Carnaval ese fenómeno, no tan raro hoy entre nosotros, de ridiculizar lo sagrado, parodiar lo espiritual, invertir los valores, hacer de lo religioso una mascarada. 

Por otra parte, romper todo tipo de barreras y límites morales ya no es algo propio de estas fechas, sino el modo de vida de quienes aceptan ciegamente el hedonismo como el valor central de nuestra cultura. 

El esfuerzo ya no está de moda. Todo lo que supone austeridad y disciplina queda arrinconado. Es la hora de dar culto al deseo y al placer inmediato. 

Hay que disfrutar de todo y ahora mismo. Excitación permanente. Sexo a la carta. Seguir los impulsos. Gustarlo todo, hacerlo todo, ir siempre más lejos, buscar nuevas combinaciones. 

Lo lamentable es que, cuando el Carnaval deja de ser una fiesta para convertirse en un modo de vida, la persona se disuelve, la existencia se vacía, el ser humano se envilece. 

La vida convertida en orgía repetitiva y sin misterio pierde su sabor más sano. La violación permanente de toda regla crea vacío. La persona, travestida y disfrazada con mil máscaras, olvida su verdadero rostro. 

Del Carnaval no nace un hombre nuevo y esperanzado sino un ser triste, cansado y aburrido. 

EXPERIENCIA SANA DE LA CULPA

No hace falta haber leído mucho a Sigmund Freud para comprobar cómo una falsa exaltación de la culpa ha invadido, coloreado y muchas veces pervertido la experiencia religiosa de no pocos creyentes. Basta nombrarles a Dios para que lo asocien inmediatamente a sentimientos de culpa, remordimiento y temor a castigos eternos. El recuerdo de Dios les hace sentirse mal.

Les parece que Dios está siempre ahí para recordarnos nuestra indignidad. No puede uno presentarse ante él si no se humilla antes a sí mismo. Es el paso obligado. Estas personas solo se sienten seguras ante Dios repitiendo incesantemente: «Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa».

Esta forma de vivir ante Dios es poco sana. Esa «culpa persecutoria», además de ser estéril, puede destruir a la persona. El individuo fácilmente termina centrándolo todo en su culpa. Es la culpa la que moviliza su experiencia religiosa, sus plegarias, ritos y sacrificios. Una tristeza y un malestar secreto se instalan entonces en el centro de su religión. No es extraño que personas que han tenido una experiencia tan negativa un día lo abandonen todo.

Sin embargo, no es ese el camino más acertado hacia la curación. Es un error eliminar de nosotros el sentimiento de culpa. Carl Gustav Jung y Carlos Castilla del Pino, entre otros, nos han advertido de los peligros que encierra la negación de la culpa. Vivir «sin culpa» sería vivir desorientado en el mundo de los valores. El individuo que no sabe registrar el daño que está haciéndose a sí mismo o a los demás nunca se transformará ni crecerá como persona.

Hay un sentimiento de culpa que es necesario para construir la vida, porque introduce una autocrítica sana y fecunda, pone en marcha una dinámica de transformación y conduce a vivir mejor y con más dignidad.

Como siempre, lo importante es saber en qué Dios cree uno. Si Dios es un ser exigente y siempre insatisfecho, que lo controla todo con ojos de juez vigilante sin que nada se le escape, la fe en ese Dios podrá generar angustia e impotencia ante la perfección nunca lograda. Si Dios, por el contrario, es el Dios vivo de Jesucristo, el amigo de la vida y aliado de la felicidad humana, la fe en ese Dios engendrará un sentimiento de culpa sano y sanador, que impulsará a vivir de forma más digna y responsable.

La oración del leproso a Jesús puede ser estímulo para una invocación confiada a Dios desde la experiencia de culpa: «Si quieres, puedes limpiarme». Esta oración es reconocimiento de la culpa, pero es también confianza en la misericordia de Dios y deseo de transformar la vida.

 
JESÚS CURA PDF Imprimeix Correu electrònic
Escrit per J.A. Pagola   
divendres, 2 de febrer de 2018 20:10

DOMINGO 5º DEL T. ORDINARIO /B

A LA PUERTA DE NUESTRA CASA LA MANO TENDIDA DE JESÚS
RELIGIÓN TERAPÉUTICA

En la sinagoga de Cafarnaún Jesús ha liberado por la mañana a un hombre poseído por un espíritu maligno. Ahora se nos dice que sale de la «sinagoga» y marcha a «la casa» de Simón y Andrés. La indicación es importante, pues en el evangelio de Marcos lo que sucede en esa casa encierra siempre alguna enseñanza para las comunidades cristianas.

Jesús pasa de la sinagoga, lugar oficial de la religión judía, a la casa, lugar donde se vive la vida cotidiana junto a los seres más queridos. En esa casa se va a ir gestando la nueva familia de Jesús. En las comunidades cristianas hemos de saber que no son un lugar religioso donde se vive de la Ley, sino un hogar donde se aprende a vivir de manera nueva en torno a Jesús.

Al entrar en la casa, los discípulos le hablan de la suegra de Simón. No puede salir a acogerlos pues está postrada en cama con fiebre. Jesús no necesita más. De nuevo va a romper el sábado por segunda vez el mismo día. Para él, lo importante es la vida sana de las personas, no las observancias religiosas. El relato describe con todo detalle los gestos de Jesús con la mujer enferma. 

«Se acercó». Es lo primero que hace siempre: acercarse a los que sufren, mirar de cerca su rostro y compartir su sufrimiento. Luego, «la cogió de la mano»: toca a la enferma, no teme las reglas de pureza que lo prohíben; quiere que la mujer sienta su fuerza curadora. Por fin, «la levantó», la puso de pie, le devolvió la dignidad.

Así está siempre Jesús en medio de los suyos: como una mano tendida que nos levanta, como un amigo cercano que nos infunde vida. Jesús solo sabe servir, no ser servido. Por eso la mujer curada por él se pone a «servir» a todos. Lo ha aprendido de Jesús. Sus seguidores han de vivir acogiéndose y cuidándose unos a otros.

Pero sería un error pensar que la comunidad cristiana es una familia que piensa solo en sus propios miembros y vive de espaldas al sufrimiento de los demás. El relato dice que, ese mismo día, «al ponerse el sol», cuando ha terminado el sábado, le llevan a Jesús toda clase de enfermos y poseídos por algún mal.

Los seguidores de Jesús hemos de grabar bien esta escena. Al llegar la oscuridad de la noche, la población entera, con sus enfermos, «se agolpa a la puerta». Los ojos y las esperanzas de los que sufren buscan la puerta de esa casa donde está Jesús. La Iglesia solo atrae de verdad cuando la gente que sufre puede descubrir dentro de ella a Jesús curando la vida y aliviando el sufrimiento. A la puerta de nuestras comunidades hay mucha gente sufriendo. No lo olvidemos.

LA MANO TENDIDA DE JESÚS

La exégesis moderna ha tomado conciencia de que toda la actuación de Jesús está sostenida por la «gestualidad». No basta, por ello, analizar sus palabras. Es necesario estudiar además el hondo contenido de sus gestos.

Las manos son de gran importancia en el gesto humano. Pueden curar o herir, acariciar o golpear, acoger o rechazar. Las manos pueden reflejar el ser de la persona. De ahí que se estudie hoy con atención las manos de Jesús, en las que tanto insisten los evangelistas.

Jesús toca a los discípulos caídos por tierra para devolverles la confianza: «Levantaos, no temáis». Cuando Pedro comienza a hundirse, le tiende su mano, lo agarra y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por que has dudado?». Jesús es muchas veces mano que levanta, infunde fuerza y pone en pie a la persona.

Los evangelistas destacan sobre todo los gestos de Jesús con los enfermos. Son significativos los matices expresados por los diferentes verbos. A veces Jesús «agarra» al enfermo para arrancarlo del mal. Otras veces «impone» sus manos en un gesto de bendición que transmite su fuerza curadora. Con frecuencia extiende su mano para «tocar» a los leprosos en un gesto de cercanía, apoyo y compasión. Jesús es mano cercana que acoge a los impuros y los protege de la exclusión.

Desde estas claves hemos de leer también el relato de Cafarnaún. Jesús entra en la habitación de una mujer enferma, se acerca a ella, la coge de la mano y la levanta en un gesto de cercanía y de apoyo que le transmite nueva fuerza. Jesucristo es para los cristianos «la mano que Dios tiende» a todo ser humano necesitado de fuerza, apoyo, compañía y protección. Esa es la experiencia del creyente a lo largo de su vida, mientras camina hacia el Padre.

RELIGIÓN TERAPÉUTICA

La teología contemporánea trata de recuperar poco a poco una dimensión del cristianismo que, aun siendo esencial, se ha ido perdiendo en buena parte a lo largo de los siglos. A diferencia de otras religiones, «el cristianismo es una religión terapéutica».

En el origen de la tradición cristiana nada aparece con tanta claridad como la figura de Jesús curando enfermos. Es el signo que él mismo presenta como garantía de su misión: «Los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen...». Por otra parte, nada indica mejor el sentido de la fe cristiana que esas palabras tantas veces repetidas por Jesús: «Tu fe te ha sanado». No es extraño que Cristo haya sido invocado en la Iglesia antigua con esta hermosa plegaria: «Ayúdanos, Cristo, tú eres nuestro único Médico».

Es fácil resumir lo sucedido posteriormente. Por una parte, el cristianismo se preocupó cada vez más de justificarse frente a objeciones y ataques, utilizando la teología para exponer el contenido de la fe de manera doctrinal; poco a poco se terminó pensando que lo importante era «creer verdades reveladas». Por otra parte, la curación fue pasando enteramente a manos de la ciencia médica, cada vez más capacitada para curar el organismo humano.

No se trata ahora de que la fe recupere el terreno cedido a la medicina científica echando mano de la oración o de otras prácticas religiosas para curar enfermedades. La religión no es un remedio terapéutico más. La perspectiva ha de ser otra. La medicina moderna se ha centrado en curar órganos y reparar disfunciones, pero la persona es mucho más que un «caso clínico». No basta curar enfermedades y dolencias. Es el ser humano el que necesita ser sanado.

Asegurada la curación de buena parte de las enfermedades graves, el mal se cuela por la puerta trasera y vuelve a entrar en el ser humano bajo forma de sinsentido, depresión, soledad o vacío interior. No basta curar algunas enfermedades para vivir de manera sana.

Algunos teólogos apuntan dos hechos que pueden abrir un horizonte nuevo para la fe. Por una parte, se está desmoronando por sí sola una religión sustentada por la angustia y el miedo a Dios; es tal vez uno de los signos más esperanzadores que se están produciendo secretamente en la conciencia humana. Por otra parte, se abre así el camino hacia una forma renovada de creer y de «experimentar a Dios como fuerza sanadora y auxiliadora».

Tal vez en próximos siglos solo creerán quienes experimenten que Dios les hace bien, los que comprueben que la fe es el mejor estímulo y la mayor fuerza para vivir de manera más sana, con sentido y esperanza.

 
UN MON MILLOR ÉS POSSIBLE PDF Imprimeix Correu electrònic
Escrit per J.A. Pagola   
divendres, 19 de gener de 2018 16:50
Diumenge 3 durant l’any – B
Marc 1,14-20
UN MÓN DIFERENT ÉS POSSIBLE
No sabem amb certesa com van reaccionar els deixebles del Baptista quan Herodes Antipes el va empresonar a la fortalesa de Maqueront. Coneixem la reacció de Jesús. No es va quedar al desert. Tampoc es va refugiar entre els seus familiars de Natzaret. Va començar a recórrer els llogarets de Galilea predicant un missatge original i sorprenent.
L’evangelista Marc ho resumeix dient que «anà a Galilea i anunciava la bona notícia de Déu». Jesús no repeteix la predicació del Baptista ni parla del seu baptisme al Jordà. Anuncia Déu com una cosa nova i bona. Aquest és el seu missatge.
«S’ha complert el temps»
El temps d’espera que es viu a Israel s’ha acabat. S’ha acabat també el temps del Baptista. Amb Jesús comença una era nova. Déu no vol deixar-nos sols davant els nostres problemes, sofriments i desafiaments. Vol construir juntament amb nosaltres un món més humà.
«El regne de Déu és a prop»
Amb una audàcia desconeguda, Jesús sorprèn a tothom anunciant alguna cosa que cap profeta s’havia atrevit a declarar: «Déu ja és aquí, amb la força creadora de la seva justícia, tractant de regnar entre nosaltres». Jesús experimenta Déu com una Presència bona i amistosa que està cercant obrir-se camí entre nosaltres per humanitzar la nostra vida.
Per això tota la vida de Jesús és una crida a l’esperança. Hi ha alternativa. No és veritat que la història hagi de discórrer pels camins d’injustícia que li tracen els poderosos de la terra. És possible un món més just i fratern. Podem modificar la trajectòria de la història.
«Convertiu-vos»
Ja no és possible viure com si no passés res. Déu demana als seus fills col·laboració. Per això crida Jesús: «Canvieu de manera de pensar i d’actuar». Som les persones les que primer hem de canviar. Déu no imposa res per la força, però està sempre atraient les nostres consciències cap a una vida més humana.
«Creieu en aquesta bona notícia»
Preneu-la seriosament. Desperteu de la indiferència. Mobilitzeu les vostres energies. Creieu que és possible humanitzar el món. Creieu en la força alliberadora de l’Evangeli. Creieu que és possible la transformació. Introduïu en el món la confiança.
Què n’hem fet d’aquest missatge apassionant de Jesús? Com l’hem pogut oblidar? Amb què l’hem substituït? ¿En què ens estem entretenint si el primer és «cercar el regne de Déu i la seva justícia»? Com podem viure tranquils observant que el projecte creador de Déu d’una terra plena de pau i de justícia està sent aniquilat pels homes?
 
L'ESPERIT DE JESÚS PDF Imprimeix Correu electrònic
Escrit per J.A. Pagola   
dimarts, 2 de gener de 2018 17:22

 

07-01-2018
Baptisme del Senyor – B
Marc 1,7-11
L’ESPERIT DE JESÚS
Jesús va aparèixer a Galilea quan el poble jueu vivia una profunda crisi religiosa. Portaven molt de temps sentint la llunyania de Déu. El cel estava «tancat». Una mena de mur invisible semblava impedir la comunicació de Déu amb el seu poble. Ningú era capaç d’escoltar la seva veu. Ja no hi havia profetes. Ningú parlava impulsat pel seu Esperit.
El més dur era aquesta sensació que Déu els havia oblidat. Ja no li preocupaven els problemes d’Israel. Per què romania ocult? Per què estava tan lluny? Segurament molts recordaven l’ardent oració d’un antic profeta que resava així a Déu: «Tant de bo esquincessis el cel i baixessis».
Els primers que van escoltar l’evangeli de Marc devien quedar sorpresos. Segons el seu relat, en sortir de les aigües del Jordà, després de ser batejat, Jesús «veié que el cel s’esquinçava» i va experimentar que «l’Esperit de Déu baixava cap a ell». Per fi era possible la trobada amb Déu. Sobre la terra caminava un home ple de l’Esperit de Déu. Es deia Jesús i venia de Natzaret.
Aquest Esperit que baixa sobre ell és l’alè de Déu, que crea la vida, la força que renova i guareix els vivents, l’amor que ho transforma tot. Per això Jesús es dedica a alliberar la vida, a guarir-la i fer-la més humana. Els primers cristians no van voler ser confosos amb els deixebles del Baptista. Ells se sentien batejats per Jesús, no amb aigua, sinó amb el seu Esperit.
Sense aquest Esperit, tot s’apaga en el cristianisme. La confiança en Déu desapareix, la fe es debilita. Jesús queda reduït a un personatge del passat, l’Evangeli es converteix en lletra morta, l’amor es refreda i l’Església no passa de ser una institució religiosa més.
Sense l’Esperit de Jesús, la llibertat s’ofega, l’alegria s’apaga, la celebració es converteix en costum, la comunió s’esquerda. Sense l’Esperit, la missió s’oblida, l’esperança mor, les pors creixen, el seguiment a Jesús acaba en mediocritat religiosa.
El nostre major problema és l’oblit de Jesús i la descurança del seu Esperit. És un error pretendre aconseguir amb organització, treball, devocions o estratègies pastorals el que només pot néixer de l’Esperit. Hem de tornar a l’arrel, recuperar l’Evangeli en tota la seva frescor i veritat, batejar-nos amb l’Esperit de Jesús.
No ens enganyem. Si no ens deixem revifar i recrear per aquest Esperit, els cristians no tenim res important per aportar a la societat actual, tan buida d’interioritat, tan incapacitada per a l’amor solidari i tan necessitada d’esperança.
José Antonio Pagola
 
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NASHVILLE, Tenn. -- Delanie Walker hasn't been asked for help too often this summer. It's not that the Tennessee Titans tight end isn't willing, and he has a wealth of knowledge to share going into his 12th season, but fewer rookies are seeking it out this year. Kendall Wright Jerseys Why? Walker has a hypothesis. "They’re kinda scared of me," Walker said. "If they ask me for help, I try to give my best advice. But they kinda are starstruck. When they were in elementary, I was in the NFL. Sometimes I think they’re just happy to play beside me."

Walker, who turned 33 last Saturday, is a rare physical specimen at the top of his game. Marcus Mariota Jerseys There aren't many 30-plus players, outside of quarterbacks and specialists, that remain among the top five-to-seven players at their position. Recent NFL history tells him he should be preparing to disappear into retirement. Delanie Walker Jerseys He calls that a lie. In a Titans offense filled with new toys at the receiving positions, Walker remains one of Marcus Mariota's favorite targets when it matters the most. Walker says he's happy that Eric Decker, Corey Davis and Taywan Taylor have been added to play beside him. But that doesn't mean he won't eat anymore. Walker wants to make that clear.

So it's no surprise at the end of Thursday's practice when Mariota finds Walker blazing down the seam for a touchdown against the Carolina Panthers defense. "He hasn't slowed a bit. He's still at full-strength, he's still very difficult to cover," Titans coach Mike Mularkey said. DeMarco Murray Jerseys "He takes such good care of his body and it shows up out here every day." The word "still" resonates when it comes out of Mularkey's mouth in reference to Walker. Longevity, like availability, is a skill. Walker doesn't have a magic potion or special workout shift that has caused him to remain dominant at 33. He says he does what he's always done: eat well, get rest and grind like he's still a sixth-round pick trying to make the team.

"I still see myself as one of the guys everybody looks at to make a play," Walker said. Derrick Henry Jerseys So when fantasy football pundits wonder how the Titans are going to spread the ball around to Walker, Decker, Davis, Rishard Matthews, DeMarco Murray and Derrick Henry, among others, Walker isn't worried about getting squeezed out. Eddie George Jerseys "I don’t cry when I don’t get catches, but I’m always hungry," said Walker, who had 65 catches for 800 yards and seven touchdowns last season. "I’m always going to compete. I want the ball. I want to eat, but I have to get open. That’s the rules of the game. Whoever is open, is going to eat."